miércoles, 24 de junio de 2015

Programa de monterías de Montesa 2015-2016

El mes de junio es tiempo de programas. El grupo Montesa acaba de dar a conocer a sus socios el calendario de monterías de la próxima temporada 2015- 2016 que queda como sigue:

31 de Octubre. Cebrián

14 de Noviembre. Puerto Bajo
15 de Noviembre. Umbría del Gato

28 de Noviembre. pozas Nuevas
29 de Noviembre. La loma de la Higuera (Conductero)

12 de Diciembre. Las Tapias

19 de Diciembre. Cerrajeros
20 de Diciembre. Loma de la higuera (Carboneros)

16 de Enero. Mezquetillas
17 de Enero. Mezquetillas

30 de Enero. La Loma de la Higuera (Matamoros)

Otro año más se presenta un espectacular programa de monterías en torno al eje Cardeña-Andújar con jornadas para todos los gustos.
Debuta con el grupo la conocidísima Puerto Bajo en pleno parque Natural de la Sierra de Andújar y que supone un aliciente al calendario no sólo por el resultado que pueda ofrecer sino por la belleza de la mancha y por el mismo enclave donde se sitúa.
Sin embargo, los pilares del cartel son Las Tapias, que modifica su cupo y el número de puestos en aras de mejorar coeficiente, Cebrián que es siempre un valor seguro, Cerrajeros que, tras un año de descanso, puede volver a resultar un monterión como el que disfrutamos hace dos campañas y Pozas Nuevas que lleva dos años arrojando unos números impresionantes acompañados de una notable calidad.
Probablemente haya alguna incorporación nueva en el programa durante este verano aunque aún forma parte del capitulo de proyectos y no hay nada confirmado.

Ilusión a raudales en los socios y simpatizantes de Montesa que van a disfrutar de una excelente temporada en un ambiente inmejorable. Os lo contaremos.


martes, 19 de mayo de 2015

Las fechas de Montesa para la temporada 2015¬2016

El grupo Montesa ya tiene sus fechas reservadas para la próxima temporada 2015 2016:

.- 31-10-2015

.- 14-11-2015
.- 15-11-2015

.- 28-11-2015
.- 29-11-2015

.- 12-12-2015
.- 13-12-2015

.- 19-12-2015
.- 20-12-2015

.- 16-1-2016
.- 17-1-2016

.- 30-1-2016
.- 31-1-2016

Pronto, las fincas encajadas en ese calendario. No tendrá desperdicio.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Estar en sazòn.




No tiene sentido en este blog contar lo que ocurrió el pasado domingo en Las Ventas. Cualquier aficionado ha podido informarse por mil medios apenas unos minutos después de finalizar el festejo e, incluso puede ver vídeos con los pasajes más relevantes del festejo.
Lo que pierdo en inmediatez lo gano, sin embargo, en perspectiva. Y a 72 horas vista de la corrida y mirando aún más atras, se afianza en mi la sensaciòn de haber visto en Curro Díaz un torero en sazòn. Me atrevo a escribir que Francisco Díaz Flores atraviesa su mejor momento.
Lo hemos visto, obviamente, más brillante ante enemigos de mejor condiciòn. Incluso más arrojado ante algún toro sin posibilidades. Pero con el reposo, la hondura, la claridad de ideas y la decisiòn que exhibíò ante un lote insulso y a contra estilo  el Domingo y en sus últimas actuaciones, yo no lo había visto.
Por ejemplo, con el capote firmò los mejores capotazos de la tarde cuando hasta hace poco tiempo era raro que Paco lo viera claro de salida con los toros. Me consta que en los entrenamientos, su hombre de confianza, Lebrija, hace incapié en ello.
Otra novedad fue lo còmodo que se encontrò en la cara de sus dos toros. Pasò mucho tiempo frente a sus oponentes y lo hizo buscando las teclas y resortes que abrieran sus embestidas.
Y por último una sensaciòn intangible de madurez apoyada en la técnica, concepto y valor dejando atrás épocas de más fragilidad en su toreo.
Esta madurez viene acompañada de una forma física òptima que no tenía desde antes de la cornada en Sevilla. Aún queda mucha tela por cortar en la temporada y, a poco que sonría la suerte en los sorteos, nos quedan a los curristas mucho que disfrutar esta campaña. 
Pd: Bien la cuadrilla en la que hay dos caras nuevas está temporada: Óscar Castellano y Daniel Oliver, tan eficaces para el torero como interesantes para el aficionado.

domingo, 22 de marzo de 2015

Curro Díaz en Madrid ...y en más sitios.

Con el tiempo cumplido, cuando iba a sonar el tercer aviso, y parecía que Curro Díaz no se vería anunciado en la plaza de Madrid, fue publicada oficialmente por la empresa de Las Ventas su presencia en la monumental para el día 3 de Mayo con la Corrida de Carriquiri para darle la confirmación de alternativa a Leonardo San Sebastián junto con Sergio Aguilar.
Después del sinsabor de no verse en los carteles de la Feria de Abril, la ausencia en las ventas hubiera supuesto un golpe anímico al torero y su equipo y habría trastocado la ilusionante planificación de la campaña.
A sus partidarios nos habría gustado que la presencia del de Linares hubiera sido en el ciclo de San Isidro pero, después de todo, el Domingo de Mayo no es mala fecha ni mucho menos. A principio de temporada, será una de las primeras corridas de toros que se lidien en el coso venteño y debe pillar a la afición con hambre de toros. Además, si pasa algo importante con Curro, (que va a pasar) está toda la feria de San Isidro por delante para poder entrar por la vía de la sustitución y practicamente buena parte de la temporada por hacer para entrar en muchos carteles. 
La ganadería extremeña de Carriquiri, con encaste Nuñez, vía Alcurrucén y Manolo Gonzalez, se adapta magníficamente a las personalidad torera de Curro y debe moverse. A poco que colabore, y viendo el momento físico y anímico que atraviesa el torero, le forma un lío, ¡seguro!
Siendo, como para todo el escalafón, fundamental el paso por Madrid la temporada ya tiene otras citas importantes como Arles, San Clemente, Alés, La Brede y Villarobledo donde matará, por vez primera en su carrera, una corrida de Miura junto a Rafaelillo y Bolivar.
No sería de extrañar que viéramos algún gesto más del torero en una temporada que se adivina prometedora. El tiempo dirá.
Ya hay viaje organizado por la peña Curro Díaz, que ha puesto un autobus y hay muchos aficionados de linares que estarán el día 3 junto a su torero en Madrid. 

viernes, 6 de febrero de 2015

El Lance, por Antonio Galán Ocaña.

  EL LANCE

          El día era gris, plomizo, y el agua caía a ratos, mansa, sin alardes de jarreo. Estaba encamado a media falda del pecho que bajaba al arroyo, en un apretón de monte cerca de una chaparra de tronco retorcido.Un poco por delante tenía un puntalete. No era un cochino serio, cuajado, era un navajerete que ya apuntaba maneras.
          Llevaba allí desde que había despuntado el día, con un cielo oscuro como si no tuviera ganas de amanecer. Al rato, y ya con las claras, le llegaron de muy lejos, amortiguados y perezosos, los ecos de unos ladridos distintos entre sí, que se entremezclaban unas veces y otras sólo se oían uno o dos.También distinguió el tintineo de una cencerrilla que a ratos se apagaba.
          Siguió echado pero enveló las orejas queriendo abarcar y saber más. Arrugaba y estiraba la jeta buscando vientos que le informaran. El aire no lo tenía franco de cara, y eso no le gustó. Aquella zarabanda lejana de ladridos había cesado, perro no estaba tranquilo. No era como tantas veces que se había retirado al monte con la sinfonía de ruidos y olores que tan bien conocía.
          Se levantó inquieto y, de pronto, se le encendieron en sus adentros todas las alarmas y todos los miedos. El aire había revocado. Ya no lo tenía a su favor, lo sentía muy suave pero por detrás. Las cerdas de la raspa, desde el cogote hasta el rabo, se le empinaron. Aquello fué visto y no visto. Levantó la jeta angustiado y entonces los vió, con medio cuerpo asomado al puntal. Ni el más mínimo charabasqueo había barruntado su llegada. Uno, dos, tres, hasta cuatro perros tenía enfrente. Le pareció que llevaban anchos collares negros.
          No necesitó más. Como un rayo se dió la vuelta y arrancó pecho arriba corriendo como nunca lo había hecho. Las pezuñas tocaban el suelo lo justo para tomar los impulsos que necesitaba en su carrera.
          Los perros reaccionaron al momento. El verlo correr fué el estímulo que necesitaban para perseguirlo. Arrollaba los espesinares de monte sin miramientos, con la determinación que da el saberse en un peligro cierto. Pero el romper monte le refrenaba la carrera y para cuando llegó a la cuerda, tenía a los perros pegados, escoltándolo. Ladrar, eso sí, ladraban poco los condenados; sólo un harpío suelto interrumpía el frenético ritmo de sus jadeos.
          Cuando empezó a bajar ya sintió la primera dentellada en un jamón pero no dejó de apretar la carrera. Por eso sería que enseguida se zafó, pero aquello no podía durar mucho. Otra boca se le agarró al costillar y ahora sí notó el desgarrón. Y en ese instante, tomó la decisión. Iba por derecho a unos lentiscos apretados y justo allí,  paró en seco y se rodeó. Ellos también frenaron, quizá sorprendidos por la maniobra, quizá por saber que ya lo tenían asegurado. Ahora los vió bien y, sí, los collares eran más negros que la pez. Las bocas amenazantes dejaban ver las hileras de incisivos, caninos, molares, no faltaba ni uno. Los belfos los tenían rebozados de babas con espuma, sería por los afanes.Y en los ojos centelleantes les bailaba el final en las pupilas.
          En un segundo uno de ellos, con trazas de alano, se le fué derecho a la jeta, a morder donde fuera. Pero antes de cerrar la boca, el navajerete le tiró un derrote rápido, seco y fuerte que lo volteó en el aire. Mientras se recomponía, otros dos se le echaron encima por el otro lado. Uno corrió la misma suerte que su compañero y el otro, más medroso, reculó.
          Por unos instantes hubo una tregua. Presintiendo un nuevo ataque, el cochino tiró dos o tres viajes rápidos a izquierda y derecha, al aire, y como un poseso dió media vuelta y emprendió la carrera. Los perros se miraron y reanudaron la persecución. Pero algo había cambiado.De la fiereza inicial, de la confianza ciega había pasado a perseguirlo encendidos, sí, pero con un punto de respeto.
          A una treintena de metros, el navajerete pegó un topetazo con una malla que casi le hace rebotar. Se oyó en toda la sierra un golpetazo metálico, ondulado, que se extendió como si hubiera caido una piedra en un chilanco. Los perros, sorprendidos, pararon de nuevo. Reunió los arrestos que le quedaban y metió la jeta entre la alambrera y el suelo. Aquello cedió lo justo para que desollándose la barriga, en un pis pas se viera al otro lado.
          Apenas se puso en pie volvió a correr y no paró en un buen rato. Dios sabe donde traspuso. De trecho en trecho giraba la cabeza y ya no veía perros. Fué aflojando la carrera y se atemperó a un trote vivo. Cuando por fin paró, se tapó en el monte y escuchó con toda la entrega de que fué capaz. Su jeta era un acordeón mudo que de vez en cuando dejaba escapar un soplo profundo y lento. Así estuvo hasta que oscureció.
          Todo lo que le llegaba era grato: los olores de la tierra, del tomillo, de la lavanda, el ruidillo de un ratón a sus asuntos, el vuelo algodonoso del búho, la gresca lejana de una piarilla de rayones... Era la vida que seguía.
          Y entonces se percató de todo. De los dolores que le mordían, de las gotas de sangre espesa y cálida que se deslizaban de cerda en cerda en el jamón y en el costado, del cansancio, de la angustia, del riesgo, de todo. Pero aquello sanaría en cuanto diera con una baña. Muy despacito hozó un poco y se zampó cuatro o cinco lombrices y unas raicillas.
          Había dejado de llover, ni una nube. Por el viso que tenía enfrente vió el cielo. Estaba entorchado de estrellas, como el manto de la Virgen, aunque él sólo percibió las más grandes y que más brillaban.

          Carlitos se había salvado.